
Lo observo mientras habla. Sus facciones cambiaron, su sonrisa de pronto impenetrable a perdido poco a poco su color, sus ojos atraviesan los míos con gran facilidad; temo continuar.
No ha sido fácil llegar hasta aquí, es primoroso sentir que después de seis años este adyacente, hablando de sus vivencias y yo atendiendo y razonando de alguna u otra manera sus problemas... ¿Quién lo imaginaría?; dónde estuve antes estoy ahora, diferente; ese candor que nos complacía ¿ya no existe?, ¿se ha ido?, quizás en busca de otros niños faltos de amor y conexión perdurable -creo-.
Lo escucho, esta vez con más atención: la compensación habló otra vez, me dice que siempre estuvo presente esa chispa que nos mantenía despiertos, que nunca se extinguió a pesar de las palabras ignoradas y temo por su estabilidad... ¿Compasión?.
Sus ojos me hablan de desesperación, sus oídos ven mis palabras como sugerencias vitales a estas alturas. El abrazo ya desgastado, pero apasionado me dice que aún existe aquel amor por el cual sufrí en tiempos pasados, tiempos bastante pueriles -confirmo-.
Es bueno estar aquí, nada más que su rostro a cambiado por estos lugares, el alma que nos incitaba a vernos cuando eramos infantes siempre estuvo, la esencia de ese juego cándido, las irritantes mariposas al ver su sonrisa encantadora, los abrazos y los sueños por besar algún día sus labios... se quedaron hace cinco años, atrapados en el corazón de cada uno.
Un año :)

No hay comentarios:
Publicar un comentario