
Es impresionante el poder de la palabra y aún más quien posee un lápiz y la capacidad de reflejar lo que experimenta por medio de términos (todos) a veces tan delicados como la brisa en otoño, o tal vez tan tenaz como el sol en pleno enero. Es increíble lo que puede provocar una leve discusión, la repercusión de miles de hechos que azotan el entendimiento, lo estropean, lo devastan y luego a escribir se ha dicho. Es monótono sentir lo que provoca el dolor cuando se siente que no hay más camino, que la vida acaba al asomarse sin previo aviso a la carencia de lo palpable. Éste es el trayecto más arduo y lastimoso. Somos los responsables de nuestro propio aprendizaje. No podemos rehusar esta responsabilidad y echarla en las espaldas de otro, porque nuestro sendero es interno.

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