Como todas las noches me recosté unos minutillos, miraba distraída el techo, pensando y olvidando, si... pensando y olvidando. Me sentía saciada, cobarde-mente ignoré que estaba a un paso de explotar, un leve suspiro, un recuerdo vagabundo, una melodía apesarada podía activar la bomba que instalada estaba en mi interior... y lo ignoré, pusilánime.
Me abrazaba la añoranza, llegó fácil, conoce perfecta-mente el recorrido hacia mi interior, me hacía compañía, una compañía atemorizante y escalofriante, poco a poco me decía: Vamos, no hay nadie aquí más que tú y yo, sabes muy bien que las lágrimas están al borde de esos ojos ... ¿Qué pasa Hellen, por qué no puedes aún estando conmigo, en soledad?, ¿es por tu padre?, si es por eso, no te preocupes, tus ojos no perderán su color, sabes muy bien que él lo decía porque a ningún padre le gusta ver sufrir a sus hijos, ¿comprendes Hellen?; vamos, ayúdate o ¿no te quieres?, eso sería imposible... ambas lo sabemos con exactitud.
Así, por muchos "minutillos" trataba de incitar el caudaloso río que corría directo a mis ojos, yo lo desviaba, realmente no quería.
Me levanté, sobre el velador habían unos libros, tome el más interesante, quería distraerme... sí, de verdad lo necesitaba. Había leído más o menos diez páginas cuando el sueño toco mis ojos, GRACIAS, me dije.
Y dormí, y dentro del mismo sueño, soñé: En mi cama me encontraba con los ojos lagañosos (muchas bacterias tendría, pensé), mi pieza estaba tal cual la había dejado cuando me dormí, me levanté y me acerqué lentamente a un espejo, era impresionante ¡Lo lagañosos que estaban!, me asusté mucho, corrí, si ¡corrí! a la cama, me tapé con temor, una aprensión inmensa; ¿Estoy soñando?! me decía con dudas, la inquietud me devoraba, me devoraba.
Y desperté, en el sueño, desperté: toque mi rostro, toque mis ojos, algo andaba mal... tenía miedo, verme reflejada en el espejo; esta vez fue algo sedicioso, con escrúpulo me observe, y esto fue lo que vi: No era yo, exteriormente no era yo. Mis ojos no se divisaban, sin embargo yo podía verme con precisión. Mi boca estaba rodeada de vasos sanguíneos si, ¡estaban hinchados!, mis mejillas y frente estaba totalmente inflamadas, su color era púrpura, ese color a sangre coagulada, mis ojos estaban rojos, color sangre, aún lagañosos, mucho más que antes... Hinchada, un verdadero edema, estaba segura estallaría en cualquier momento.
Me observe y esto fue lo que sentí: Miedo, cómo era posible que pudiera estar así. La primera reacción: llanto. Un llanto imparable, un llanto desgarrador, era casi un milagro lo que paso posteriormente... mientras lloraba, mi cara volvía a la normalidad, la hinchazon era cada vez menor, las venas, el color púrpura ya no se divisaban, las lagañas que tanto me martirizaron cayeron como las hojas caen de los arboles en otoño... Creo que después me desmayé, porque desperté en mi pieza, está vez si era real, "estaba soñando" me dije, mi primer temor fue observarme, dirigirme hacia el espejo, estaba todo bien, era yo.
Me recosté unos minutillos, fue realmente una pesadilla, una devastadora pesadilla... Cerré los ojos y volvió ese manto grisáceo tan sabio: la soledad, me sonrío irónica y me dijo: Te lo dije, sabes muy bien que lo hice.
Pronto, una lágrima recorrió mi mejilla, el caudal se salió de control... y estaba allí, llorando.

ou si ke es beioooo---
ResponderEliminarers tan linda hellen..........ers maravillosa
mui mui beio lok escribes me gusto muxo!!!
aora si k stoi maravillado kob usted...te kiero!
xaooop franko!