La vida fluye insaciable... hambrienta de sonrisas y dolores. El aire es tan distinto en este lugar, el manto grisáceo cubre de a poco los ojos de quienes a mi lado están; emerge continuo el mar inquieto que reprimido está en la pasión interior... Nadie puede controlarlo, con el indicio de la primera gota, se desata el desastre exterior. El aire es distinto aquí, la respiración no se aquieta, de hecho sube y baja como aquel juego que cobijo nuestros tiempos... No hay fuerzas, nadie las posee; es como si hubiese arribado de pronto un huracán llevándose consigo el valor, y queda nada, en nadie.
martes, 2 de junio de 2009
La vida fluye insaciable... hambrienta de sonrisas y dolores. El aire es tan distinto en este lugar, el manto grisáceo cubre de a poco los ojos de quienes a mi lado están; emerge continuo el mar inquieto que reprimido está en la pasión interior... Nadie puede controlarlo, con el indicio de la primera gota, se desata el desastre exterior. El aire es distinto aquí, la respiración no se aquieta, de hecho sube y baja como aquel juego que cobijo nuestros tiempos... No hay fuerzas, nadie las posee; es como si hubiese arribado de pronto un huracán llevándose consigo el valor, y queda nada, en nadie.
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